¿Queréis saber lo que es para mi la pasión por los disfraces?.

Imaginaos lo que es ver a dos niñas de 6 y 8 años corriendo por un pasillo un viernes por la tarde dirección a su cuarto después del cole. Es una situación algo rara puesto que sólo se ven cada dos semanas, pero su momento más especial no es jugar a las muñecas, o ponerse a pintar o a cantar o bailar al ritmo de Adexe y Nau.

No, esa frenética carrera por el pasillo finaliza abriendo el cajón de los disfraces. Que tienen hambre porque es la hora de merendar, da igual. Que escuchan que primero hay que recoger mochilas, ropa y demás…, da igual. Eso lo harán después de haber escogido el disfraz de hoy. Y me diréis, pero cuántos disfraces tienen. Pues a ver, realmente tienen muchos, pero lo divertido no es la cantidad, sino que lo divertido es ver como los combinan. Desde la falda de Minnie con la camiseta de una niña zombie, hasta un tuc tuc de baile con la camisa de Lady Bug. Para ellas todo vale. En ese momento es cuando empieza realmente para ellas el fin de semana.

Y no todo acaba ahí, y es que hay un tercer componente, en este caso un niño de 10 años que aunque todo eso son cosas de “niños”, o de “niñas”, al final siempre termina apuntándose al juego, para lo cual también tiene su buena colección de disfraces y complementos. Para él ya no todo se reduce a la vestimenta, sino que le encanta jugar con las pinturas y demás complementos pata tener el disfraz más original, ya sea Halloween, Carnaval o Semana Santa.

Ahora entendéreis que con tales ingredientes, sea normal que entráramos en el mundo de la venta de disfraces hace ya años… Y lo que queda.

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